"No te conozco y probablemente nunca lo haré, pero a pesar de eso creo que no podré olvidar esa media hora que pasamos sentados uno al lado del otro en la micro que me llevó a la Universidad.
Ese día había comenzado mal para mí, en parte porque había dormido muy poco trabajando, en parte porque estaba atrasado para una reunión de trabajo con alguien que no soportaba, y en parte porque tenía el corazón hecho pedazos, gracias a un amor no correspondido, que me estaba haciendo mucho daño por esos días.
Recuerdo que partí desde mi casa con resignación a la esquina de todos los días, a esperar la micro que me llevaría por Pedro de Valdivia hacia el sur. Subí a la micro apesadumbrado, sin esperanzas de un buen día, sintiendo el peso de las responsabilidades sobre mi cuerpo con pocas horas de sueño. Me senté en el último asiento al medio, solo, quizá personificando la manera en que me sentía. La micro avanzó y me puse a mirar la cordillera, detrás de la capa cafezosa de smog que desde temprano se había instalado sobre la cuidad. Si mal no recuerdo, fue entre Bilbao e Irrarázabal que te subiste. Eras de estatura media, pelo oscuro, que caía hasta el comienzo de los hombros, tenías una bonita figura y te parecías a María Elena Swett, sobre todo de perfil. Estabas vestida de blue jeans y zapatillas deportivas. No puedo traer a mi mente lo que llevabas puesto arriba, y quizá es porque tus piernas estaban tan bien construidas que no pude sacarlas de mi cabeza en ese momento. Tengo muy fresco en la memoria lo que pensé mientras te aproximabas. Como ibas vestida como yo, tuve la ilusa idea de que te sentarías a mi lado sólo porque la gente tiende a buscar a quienes se le parecen. Mi satisfacción iba en aumento a medida que avanzabas por el pasillo y no te sentabas en ningún lado, a pesar de que habían varios asientos libres. Creo que me sorprendí cuando finalmente caí en cuenta de que estabas en frente mío. Yo estaba ganando ese jueguito, esa apuesta de mi teoría sin base contra un destino azaroso que pue esos días no me hacía ninguna concesión. Atiné a girar mi cuerpo y hacer a un lado mis piernas, para que pudieras sentarte a mi lado. No sé si tenga palabras para expresar lo que pasó después. Sólo sé que bastaron dos segundos para hacer la diferencia, dos segundos para quedar indefenso ante tí y no olvidarte nunca más...
Te sentaste a mi lado, y yo, sorprendido todavía, te miré el rostro. Tú volteaste hacia mí, me miraste y me regalaste la sonrisa más dulce que una desconocida me haya dado en la vida, dándome las gracias. Dos segundos se convirtieron en un momento a la vez fugaz y eterno, en que toda barrera en mí se cayó, y mi alma entera sintió el calor de tu sonrisa sincera, espontánes e inocente, que nació cual respuesta a un regalo inesperado. Esta sonrisa llegó sin problemas a lo más profundo de mi ser, llegando a tocar mi soledad y convirtiéndola en comunión e intimidad de dos. Sentí de tí un afecto que iba llenando mi corazón, como un bálsamo que suavizó mi angustia, calmó mi pena y me hizo olvidar mi cansancio. Dios me había dado el regalo de tener una visión, la de un ángel que me sonrió y cuya luz me dio, sin posible resistencia de mi parte, la paz que desde hacía tiempo anhelaba. Era también un signo de esperanza en el futuro, que perfectamente podría traer a alguien capaz de darme el amor que yo buscaba, que la mujer que yo amaba en ese tiempo no era capaz de entregarme.
En ese momento no pude entender el porqué de un gesto tan generoso, tan dulce, tan gratuito, y tampoco entendí por qué una sonrisa tuvo el poder de hacerme tan feliz. ¿Quén le agradece a un desconocido con una mirada tan sincera, con la inocencia de un niño, en una ciudad dura y desconfiada, en donde casi nadie cree en la buena voluntad de los otros?... Sólo alguien muy especial, que con su calidez disolvió cualquier escudo que yo pudiera haber puesto para salvaguardar mi vulnerabilidad ante los desconocidos. Sólo alguien con un corazón puro y una capacidad de amar que escapan a lo cotidiano. Al ponerte en mi camino ese día, Dios me recordó que no iba solo por la vida.
La micro siguió su avance, y varias veces ambos tuvimos que movernos para que los que iban sentados al borde pudieran salir o los que iban parados se sentaran. Una complicidad tácita nos unía en una suerte de alegre resignación. Llevabas un libro de tapa celeste, titulado "Fisiología del deporte". Quizá estudiabas educación física o kinesiología... pero ahora me temo que nunca lo sabré.
Cuando llegábamos a mi parada, mis sospechas se confirmaron, porque no te moviste de tu asiento. Yo prácticamente no te había dirigido la palabra en todo el viaje, quizá porque sólo atinaba a repasar en mi mente una y otra vez el momento en que me sonreíste y me diste las gracias. Ahora sólo quería preguntarte tu nombre, decirte cuánto me impresionaste, pedirte tu teléfono, decirte que ya no estaba triste ni cansado gracias a tí, pedirte que nos conociéramos, que saliéramos juntos, decirte que me gustabas, que te bajaras conmigo y conversáramos... Pero sólo fui capaz de despedirme de tí con un "chao" muy tímido. Cuando me bajé de esa micro, yo no era ya el mismo.
Pasa el tiempo. Casi un año desde que nos encontramos, y yo escribiendo estas letras ahora. Te he recordado muchas veces y también muchas veces he pensado en cómo habría sido mi destino si me hubiera atrevido a decirte las palabras que mi timidez le arrebató a mi corazón. Repaso en mi mente tu sonrisa, y aunque he olvidado mucho de tu cara, tus ojos y tu voz, lo que sentí no lo olvido, y no dejo de añorar ese momento en mis días más grises.
Le he contado a mis amigos sobre esa mágica media hora. Algunos desestiman el relato, y otros me dicen que estoy solo y que debo salir más... y es que con palabras no creo que les pueda transmitir la experiencia que viví.
Aunque nunca llegues a leer estas palabras, era necesario para mí escribirlas, porque no puedo sino compartir esto que tenía guardado. Necesitaba sentir que te lo decía, e imaginar que lo leías, y que nuevamente sonreías al hacerlo. Necesitaba sentir que con estas palabras podría darte una mínima satisfacción, aunque fuera un pálido reflejo de aquella que sentí un lunes en un viaje a la universidad. porque te digo ciertamente que estoy en deuda contigo, y seguramente lo estaré siempre.
Miro las palabras que he escrito una y otra vez, y sé que las escribo porque soy un soñador incorregible, pero no me importa, porque ahora comprendo que fui capaz de apreciar uno de los pequeños momentos mágicos que la vida nos regala, que no dejé de sentir en lo más profundo la inocencia y la gratuidad de pequeños gestos que personas como tú son capaces de tener, y que pude alimentar mi alma con la simpleza de una sonrisa, como la tuya.
Gracias"
Bueno. Fue un momento realmente especial. Con la perspectiva que me da el tiempo, veo que cuando uno clama, Dios escucha, y da justo el mensaje que uno necesita. Releer lo que escribí hace ya varios meses todavía me hace soñar despierto, y ver la vida como una narración de realismo mágico, y la pena se va, y la esperanza vuelve con más fuerza. Espero que inspire a más del algún lector apesadumbrado o que a ratos haya perdido el sentido de la maravilla y la magia de la vida.
Monday, August 15, 2005
Un ángel me miró... en una micro
Les contaré sobre el episodio que viví el año 2004, creo que entre marzo y abril. Lo que viví me dejó tan impresionado, que no lo olvidé, al menos en los detalles importantes. Sobre eso escribí en un cuaderno, y ahora lo publico acá... para que vean que la magia en la vida se puede encontrar en cualquier lugar... (Arreglé un poco las cursilerías, por respeto a los lectores).
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9 comments:
Wow...
Ké increible todo lo ke se puede sentir durante un simple viaje en micro.
Es lo más dulce ke he leído ultimamente.
Saludos!!
q bellas palabras par una mujer. Como q me diste esperanzas con tu ángel.
Me encanto lo q escribiste...llegue de la forma mas inesperada a tu blog ...por la recomendacion de un amigo q se la pasa blogeando o como se diga...tu percepcion profunda acerca de los hechos mas cotidianos y superficiales a veces como subirse a una micro. Eso quiere decirn q el mundo no pasa ante tus ojos sin dejar huellas, q puedes detenerte a contemplar cosas q otros no , que aunq suene cliche eres especial y creo q aquella mujer es la q deberia decir ...un amngel me miro en una micro ..
un saludo cariñoso.-
me gusto lo que escribiste, recorde mis años mozos, aunque no soy tan viejo, recuerdo que tambien me paso y deje pasar el tiempo...tambien recuerdo que en una oportunidad hice el recorrido denuevo con la esperanza de encontrarla y me pase tiempo tratando de encontrarme con ella pero no lo logre...en todo caso me senti mejor..
yo que tu haria un tiempo en buscarla, me bajaria donde se subio y haria guardia...buscala encuentrala, imprimes tus palabras y los comentarios y se los entregas sin decirle nada, solo tu correo y fono atras...
Cuando los sentimientos nos invaden como aliento de dioses captamos,cuidate
GRACIAS.
En este momento de mi vida en que este tipo de cosas sólo las recuerdas como momentos de un pasado maravilloso, llegaste y sin saberlo, con una historia que para cualquier persona puede pasar como una historia mas, alegraste mi alma.
Te doy las gracias por dejarme compartir tus emociones, tus sentimientos, que en estas letras reflejan toda tu alma, pura y grande.
Quisiera escribir muchas cosas mas pero no quiero latear...
Un besito... Yo
Y que vas a hacer si te encuentras con ella de nuevo?
Las maravillas que Dios nos da, estan todos los dias ahi, uno debe mirar mas alla de lo que tus ojosa te permiten, ver con el corazon....y eso hizo nuestro amigo...sin buscar encontraste....sin pedir....te regalaron una sonrisa. Esto me hace reflexionar sobre los momentos y lo irrepetible que suelen ser, puesto que si uno no busca llegan, seguro ahora te subes a la micro camino a la u y ya no la encontraras, buscaras esa mirada ahora en todas las mujeres que veas.
La historia que nos comentas es realmente bella, ojala hubieran mas hombres como tu poblando esta extraña ciudad, en la que uno conjuga trabajo, estudio, diversion y viajes interminables en micro.
Espero si te vuelve a pasar esto, aprovecha toda oportunidad de hacer contacto, ya que tus ojos, son capaces de ver más alla, llegando hasta lo más profundo del corazon.
El tiempo me ha enseñado que no puedo subir al cielo con los dos pies... tengo que tener uno en la tierra y el otro en el aire. El de la tierra es el que recorre el camino, y el otro es el que apunta al norte. Lo que me pasó hace ya 3 años todavía toca las fibras inocentes que quedan en mi corazón, pero he llegado a comprender que aunque mi sensibilidad no debe dejar de permitirme ver la magia en el mundo, tampoco me debe conducir a construir castillos en el aire.
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