Hace un par de semanas atrás, mi prima de 15 años, a quien conocí cuando era una bebita, me dedicó una foto que publicó en su fotolog. Ahí me decía lo siguiente:
foto de dedicada a mi ermosos marco!!!una de las presonas q mas me entiende en
este mundo!!a kien le puedo contr todo! sin verguenzas ni miedos!!, te juro q t
adoro no importa la distansialos largos tiempos sin poder ablarsiempre te sigo
keriendo =)
Uf... el corazón se me partió. Realmente no sabía cuánto me quería ella. Y es que... a veces las personas se convierten en imágenes que uno recuerda... en la mente mucho más planas que lo que verdaderamente son. Ella era mi prima tierna, dulce, una princesita... pero de un momento a otro sus palabras me despertaron a la lucidez.. como si yo estuviera en su cuerpo, como si yo estuviera experimentando sus emociones y su mundo por un momento. En ese momento yo era el narrador omnisciente de la historia, que lo ve todo, en una especie de empatía absoluta. Esas palabras calaron hondo, con una carga de realidad impresionante. Lo que viví fue como recuperar la lucidez instantáneamente después de estar semiborracho, como ver la ciudad después de la lluvia, ya sin ese velo que la convierte casi en una imagen etérea, o como sentir un gran chorro de agua después de haber estado dormitando. El calor de su afecto me llegó en forma directa, sin pérdida de nitidez.
Ante los sentimientos que percibí esa tarde desde mi pantalla, no pude sino olvidar el cansancio y el desagrado acumulado en un viernes después de una semana llena de problemas.
Lo único que quisiera es verla ahora y agradecerle por su cariño... y decirle cuánto disfrutaba yo también cuando me visitaba y la tomaba en brazos, y que me encantaba cómo hablaba, tan pequeña y tan correcta, y que disfrutaba mucho viendo junto a ella el Cartoon Network. Ahora ella ya no es la pequeña niña de antes, pero su dulzura no ha cambiado. Sigue siendo buena e inocente, y con un corazón muy grande. Realmente me hubiera gustado tener una hermanita menor como ella.
Quizá por falta de esa lucidez es que generalmente somos incapaces de la empatía y la compasión. ¿Cómo puedes pensar o sentir desde el otro, si su existencia para tí es a veces tan liviana, tan transparente? A todos nos hace falta ese despertar a la realidad. El prójimo es realmente otro "yo". Si pudiéramos realmente sentir lo que el otro siente, aunque sea por poco tiempo, la diferencia se haría terriblemente palpable, y la vida sería más llevadera...
Un saludo a todos!