Todo bien con ella. Se veía bastante recuperada, aunque de todas maneras tenía que quedarse en casa por dos semanas más. El impacto de verla fue más perturbador de lo que creí posible a esas alturas de la separación. Hace aproximadamente un mes que no la veía, y creí que eso sería tiempo suficiente para pasar de la pena a la indiferencia. Craso error. ¿Es que acaso nunca aprenderé?
Estuve con ella alrededor de 5 horas, 4 de las cuales lo único que quería era abrazarla y sentirla abandonada en mi pecho, como ella me decía que le gustaba estar. Sé que no somos para estar juntos, principalmente por nuestras diferencias de fondo, más no puedo negar que después de un mes todavía sentí cosas... pero la experiencia me ha enseñado que no puedo olvidar la cabeza por los desvaríos del corazón. Ambos deben ir de la mano. En el pasado por no escuchar a mi cabeza cometí errores, así que tengo claro lo que tengo que hacer ahora... lo difícil es hacerlo, porque cuando el corazón quiere algo, y la cabeza no, uno está dividido por dentro, teniendo que controlar fuertes deseos en pro de un futuro mejor...
Mis opciones son:
- Alejarme y seguir mi camino, a costo de una insatisfacción temporal... pero dolorosa de todas maneras
- Acercarme y saciar mis ganas de amor... a costo de un futuro de dolor de dos corazones.
La reflexión más general al respecto es sobre la capacidad de invertir el presente por el futuro. Esa capacidad exige madurez, control sobre sí mismo e inteligencia. La capacidad de seguir un camino no siempre placentero en pro de un mejor futuro es clave para lograr la felicidad. Esa capacidad quiero en mi vida.
La vida sigue, y no espera a nadie.
Un saludo a todos!